El estudio detrás del nuevo Santiago Bernabéu

La reconstrucción del estadio Santiago Bernabéu les ha llevado a la primera plana de la arquitectura, pero el estudio L35 es mucho más: desde 1967, sus profesionales no paran de pergeñar grandes espacios con un mínimo intervencionismo. 

Texto: Kino Verdú

Conjunto terciario y residencial Modern East en Estambul

Su nombre, L35, responde a una lógica aplastante. Nació en Barcelona, en la Plaza de Letamendi número 35, en el año 1967. Obvio y claro. Sus fundadores no tenían aires de estrellas del star system arquitectónico. «Su intención era la de agrupar a una serie de profesionales bajo un nombre genérico y sin una postura personalizada por parte de sus fundadores», confiesa Tristán López Chicheri, director del estudio L35, con el que nos encontramos en un breve receso en la oficina que tienen en Madrid, enfrente del egregio Senado. Unas instalaciones modestas, sin ínfulas artísticas, funcionales, con paredes anodinas, escaleras arriba y abajo, gente trabajando (claro), sin billares ni moderneces propias de Silicon Valley o despachos con un pedigrí subido.

Los fundadores fueron Juan Fernando de Mendoza (Juancho), José Ignacio Galán (Jos) y José Luis Martínez Honrubia. Los dos primeros fallecieron, pero José Luis sigue en activo en un papel de soporte de los dos nuevos socios directores, Luisa Badía y Tristán.

Si L35 se encuentra ahora en boca de todos es porque es el encargado de calentar las máquinas del nuevo estadio Santiago Bernabéu, símbolo futbolístico de Madrid y de medio mundo. Suyo es el nuevo proyecto del coliseo. «Es el que más nos ha hecho sudar. Primero, porque supone un reto en sí mismo cambiar un edificio ya emblemático, por su representatividad para los aficionados y para la ciudad. Desde el punto de vista del diseño, fue muy complicado encontrar una solución satisfactoria para un edifico enorme insertado dentro de una zona residencial en el corazón de Madrid. Además de estos retos de concepción arquitectónica está el reto constructivo: había que idear soluciones compatibles con el calendario deportivo. Esto ha dado lugar a muchas soluciones altamente sofisticadas tanto desde el punto de vista estructural como de materiales», dice López Chicheri.

Es evidente que la nueva sede del Real Madrid, auténtico centro de culto en la urbe y visitado por miles de personas de todo el planeta, plantea muchas dificultades. No se encuentra en un descampado que daría pie a una libertad constructiva sin límites. Al contrario, se erige en pleno centro neurálgico, el Paseo de la Castellana, rodeado de edificios, de centros comerciales… En fin, de vida social efervescente. «Quisimos huir de un edificio de cuatro fachadas y simétrico. Buscábamos una solución que fuera cambiante según se rodea el estadio. También que reflejara dinamismo: un estadio está dedicado al deporte y buscamos esa abstracción. Esto queda reflejado a lo largo de unas líneas o cornisas que van generando la forma del edificio, acercándose y alejándose, modificando la inclinación de los planos de fachada. Al ser grande, nos parecía que carecía de una fachada pública, de una entrada emblemática. Así, en la Castellana se genera un gran lobby de acceso, precedido de una gran plaza. De una manera similar, la Plaza de los Sagrados Corazones es el acceso institucional. El estadio adquiere dos caras públicas o dos entradas formales desde la ciudad. Además, la imagen del estadio debería ser posible abstraerla de una manera rápida, casi como las pirámides o la Torre Eiffel, de forma que genere una imagen representativa del club y de la ciudad. Pero a la vez debía ser una forma que se adaptara a la casuística de su entorno. De ahí esta forma moldeada, que permite identificar el edificio en su totalidad sólo con verlo parcialmente». 

Vista nocturna del nuevo estadio Santiago Bernabeu
Vista nocturna del nuevo estadio Santiago Bernabéu

Pero la vida, aparte del famoseo galáctico que les ha insuflado el mundo del fútbol, comenzó mucho antes para L35. Su primer encargo les llegó gracias a un concurso ganado: el campus de la Universidad Politécnica de Valencia, «y ese fue el punto de partida de la actividad del estudio», remata Tristán. A partir de ahí, las intervenciones comenzaron a ser sólidas, a tomar forma. Todo un cambio de vida, eso sí, con la modestia y la casi invisibilidad por bandera: «Como todos los inicios, fueron difíciles, y supuso un gran reto el cambio de la Escuela de Arquitectura a la vida profesional casi sin transición. Gracias a la iniciativa y a la capacidad, pronto se consiguió otro encargo de vivienda social con un sistema de prefabricado, novedoso para la época, que aceleraba su construcción. Con la llegada de dos importantes proyectos que requerían organización y recursos, la inmersión en la coordinación de equipos grandes, no habituales en otros estudios, también se dio desde los comienzos».

Antes de continuar con otros proyectos, merece la pena pararse un rato para comprender la concepción que L35 tiene de la arquitectura, de su trabajo a fin de cuentas, de su filosofía. «Nos gustaría decir que nosotros nos dedicamos a hacer ‘contenedores de actividad’. Esto, que puede sonar un poco duro, básicamente se traduce en que no concebimos los edificios como objetos inanimados sino como construcciones habitadas y dotadas de sentido por sus usuarios. Después de cinco décadas de profesión, la arquitectura de L35 no puede analizarse desde un punto de vista de estilo o de corrientes arquitectónicas. La práctica no está basada en el diseño de autor, sino que se caracteriza por un hacer tan diverso como los proyectos desarrollados y los arquitectos que los lideran. Sin embargo, es posible seguir un hilo conductor en la obra de L35 a lo largo de sus más de 50 años de existencia. Se trata de una manera de abordar los proyectos que prioriza el análisis del contexto social y cultural y la integración con el entorno. Estos tienen en común la visión de la arquitectura como un organismo vivo para el uso y disfrute de las personas tanto como una obra de arte». 

Italik Retail & Leisure, Paris

Son tan poco intervencionistas que Tristán se atreve a afirmar que «no somos dioses para decirle a nadie cómo debe vivir». Y añade: «La vida cotidiana discurre en diferentes escalas, desde la casa a la ciudad y al territorio. El espacio, como esencia de la arquitectura, es el escenario de la experiencia personal en el ámbito de la vida privada y de las relaciones sociales, por lo que su correcto diseño es un instrumento para mejorar las condiciones de vida de la gente».

El gran cambio para L35 ocurrió en 2001, cuando se internacionalizaron. Fue al ganar un concurso en París. Luego llegaron encargos en Turquía y en Marruecos, y se dieron cuenta de que podían trabajar, y muy bien, fuera de España. En 2008 ya tenían un bagaje fuera de muy goloso: Francia, Polonia, Rumanía, Bulgaria, Turquía, Marruecos y 160 profesionales dedicados a ello.

En 2011 redujeron su tamaño y se fueron a probar suerte más allá del Atlántico, y abrieron estudios en São Paulo, Bogotá, Santiago de Chile, Ciudad de México y hace poco en Miami y en Dubái. En total, 11 oficinas repartidas por todo el globo terráqueo. De hecho, su actividad internacional está cercana al 60%. Ahora se encuentran desarrollando proyectos puntuales en Bélgica, Italia, Grecia, Rumanía, Hungría, Egipto, Catar, India y Dubái. «En este momento contamos con un equipo de 170 personas entre Madrid, Barcelona y París, y en torno a 250 profesionales sumando el resto de estudios».

De todos los proyectos que han llevado a cabo, Tristán recuerda con cariño dos, esos que han marcado en parte la trayectoria de L35. Uno fue la Maquinista, en Barcelona (año 2000), un centro innovador por su integración en una trama urbana, y Puerto Venecia, en Zaragoza (2012), por su reinterpretación del ocio y el comercio alrededor de un lago artificial. Pero hay más que se han quedado tatuados en su currículo. «Centre Caixa (1989) fue de los primeros proyectos de usos mixtos realizado en España, un conjunto de edificios de oficinas, viviendas y un centro comercial en la Diagonal de Barcelona. En Valencia, Aqua Multiespacio (2006) es otro proyecto de usos mixtos significativo: oficinas, dos hoteles y un centro comercial alrededor de un gran pasaje urbano, al estilo de los pasajes del XIX en París. En el plano internacional, destacaría Modern East (2016), un complejo de usos mixtos en Estambul, con viviendas, oficinas y comercio de unos 300.000 metros cuadrados, e Italik (2016), un plan de regeneración urbana concebido de forma participativa que fue uno de los ganadores del concurso Réinventer Paris, actualmente en obras. Por último, y el más importante hasta la fecha, el concurso ganado en 2014 para la reforma y ampliación del Santiago Bernabéu». 

El proceso de trabajo de L35, con cabeza más que bicéfala, parece complicado, pero Tristán le resta importancia: «No es para tanto, las nuevas tecnologías ayudan mucho». Dos socios en Madrid y otros dos en Barcelona están en contacto permanente y se reúnen una vez al mes. Los socios directores de proyectos tienen una gran autonomía, L35 es un equipo de equipos. La videoconferencia y compartir las mismas bases de un servidor les confiere una gran flexibilidad y comunicación y, de paso, brainstorming o lluvia de ideas. «El diseño siempre es subjetivo pero colaborativo, es un proceso inteligente, y para poder realizarlo en equipo hay que tener un cierto grado de humildad y reconocer el trabajo de los demás. El terreno de las ideas no es propiedad de nadie».

Dos ideas de L35 nos resultan muy esclarecedoras de su concepción en esto de construir edificios. Primero, su idea de lo que es, o debe ser, una ciudad: «Hemos pasado de las ciudades divididas por zonas y usos (residencial, oficinas, administrativas, industrial…) a un intento de integración y mezcla, ya que la segregación generaba áreas muertas en ciertos momentos del día (zonas de oficinas que por la noche se convierten en lugares peligrosos). En fin, el modelo europeo de ciudad parece convertirse en un modelo más sólido que el americano del urban sprawl. Me parece que en la ciudad hay cabida para el protagonismo de ciertos proyectos, pero no debe haber una competición constante para ser más protagonista que el de al lado. La ciudad necesita una continuidad, una trama urbana, con ciertos hitos que le den sentido».

La segunda atiende a esos grandes centros comerciales que arrasan los entramados urbanos, sobre todo a la afueras. ¿Por qué tienen que ser feos y conflictivos? «Requieren atención especial por parte de los arquitectos, sencillamente han sido ignorados por la profesión. Y en cambio la sociedad, a lo largo de su vida, acude mucho más a un centro comercial que a un museo, a una estación o un aeropuerto. El centro comercial debería ser considerado como un edificio público, al menos tiene ese potencial, reúne a miles de personas cada día. Nos gustaría pensar que estos enormes edificios pueden tener una segunda vida, y para ello deben reunir ciertas bondades de diseño. Hoy, muchos mercados de abastos o edificios industriales se han reconvertido a otros usos, y esta capacidad se la da el hecho de ser buenas obras de arquitectura. El centro comercial debe tener esta misma capacidad de reciclaje, y para ello deben ser buenos proyectos de arquitectura dedicados a una actividad de la sociedad que es incuestionable: la compra y el ocio de entretenimiento». No se queden con el Bernabéu, L35 es mucho más. 

Créditos fotógrafos:

L35_Puerto Venecia

Centro comercial y de ocio Puerto Venecia en Zaragoza (2012)

Crédito foto: Juan Moreno

L35_Türkiye Finans Headquarters

Sede corporativa de Türkiye Finans, Estambul (2017)

Foto: Eduardo López Conde

L35_Modern East

Conjunto terciario y residencial Modern East en Estambul (2016)

Crédito: Ömer Kanipak

L35_CEO’S

Luisa Badia y Tristán López-Chicheri, socios directores L35 

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