Andrés Jaque: «El espacio público del siglo XXI debe proteger a los ciudadanos y al planeta a la vez»

Es uno de los arquitectos y pensadores esenciales del siglo XXI. Él advirtió de que el desarrollo mastodóntico de las ciudades no llevaba al ser humano a un buen lugar. Ahora, con el mundo inmerso en una pandemia, tiene mucho que decir. Repasamos también parte de su visionario trabajo.

Fundador del estudio Office for Political Innovation, con sedes en Nueva York y Madrid, Andrés Jaque (Madrid, 1971) es un pensador esencial en la arquitectura contemporánea en el mundo. Es autor de obras de referencia como la Casa Sacerdotal de Plasencia y los Escaravox de Matadero Madrid, así como director del Advanced Architectural Design Program de la Universidad de Columbia en Nueva York, uno de los laboratorios de innovación arquitectónica más importantes. Su trabajo forma parte de las colecciones del MoMA de Nueva York y del Art Institute de Chicago, y ha ganado premios como el Frederick Kiesler Prize y el León de Plata de la Bienal de Venecia. Ahora, afronta 2020 siendo el comisario de la Bienal de Arte de Shanghái, que arranca el próximo noviembre. Una oportunidad donde plasmará su idea de la nueva arquitectura poscoronavirus a través de la creación, precisamente en el país donde empezó la pandemia.

Andrés Jaque

La crisis de la COVID-19 ha cambiado las bases de todos los ámbitos de la sociedad, también de la nueva arquitectura. ¿Hacia dónde prevé que evolucionará el sector?

La arquitectura es, en estos momentos, una práctica en disputa. Hay una parte de nuestra profesión que intensificará su dedicación a la triste labor de alimentar nuevas fantasías de recintos premium. Estas prácticas prometen un hedonismo nostálgico y escapista, pero está demostrado que no funcionan, ni siquiera a corto plazo. Pese a las subvenciones, el 40% de los apartamentos de Hudson Yards [un barrio neoyorquino de nuevo cuño] lleva más de un año sin encontrar inquilino […]. Por otro lado, la arquitectura está en el centro de una enorme labor de reconstrucción de pactos sociales y medioambientes, en una dinámica de reducción y ralentización de la interacción, protección de la diversidad y cuidado mutuo. Esto es algo que está generando todo un nuevo paradigma sociocultural, una nueva estética y una nueva ética. Unos nuevos “modales” que la generación de Greta Thunberg ha promovido, y que tienen la capacidad de generar un movimiento tan transformador como el que a mediados de los 40 supuso el “estado del bienestar”. Es ahí donde está la energía, la complejidad y la viabilidad de lo humano a corto, medio y largo plazo. 

¿Cuál va a ser el papel de la arquitectura dentro del distanciamiento físico impuesto?

El reto de la arquitectura contemporánea es mucho más que generar distanciamiento. El verdadero reto consiste ahora en reinventar formas de proximidad y colectividad basadas en el cuidado mutuo entre formas de vida diversas. Nuestro proyecto COSMO [estuvo expuesto en el MoMA PS1 de Nueva York en 2015] tuvo como objetivo gestionar la coexistencia de los humanos con ecosistemas tóxicos; una coexistencia no basada en la profilaxis, sino en la generación de contratos materiales entre diferentes especies. Este fue también el propósito de nuestra Casa en Never Never Land, en la que la arquitectura hace posible que la vida cotidiana de una familia pueda ser compatible con el mantenimiento del ecosistema de Cala Vadella (Ibiza). Nuestra arquitectura es una forma de diplomacia transbiológica.

El Ocean Space de la Fundación Colección Thyssen–Bornemisza en Giudecca (Venecia). ANDRÉS JAQUE / OFFICE FOR POLITICAL INNOVATION

Creo que este es el momento para trabajar en serio la calidad de vida y medioambiental.

¿Saben los gobiernos que deben contar más con urbanistas y arquitectos para plantear el nuevo modelo de ciudad?

Algunos sí. En nuestra oficina hemos trabajado muy estrechamente con los gobiernos municipales de Palermo y de Shanghái, y en ambos casos hemos encontrado un enorme interés personal de muchos de sus miembros por hacer las cosas bien. Debo decir que esto es, lamentablemente, muy inusual en otros contextos.

Y en el contexto actual, ¿cuál debería ser la ciudad del futuro?

La ciudad como concepto ha perdido vigencia. Desde una perspectiva actual, lo importante es cómo unas realidades y unas localizaciones se relacionan con otras. Las decisiones importantes no consisten en discutir la morfología de Columbus Circle en Nueva York o de la Plaza de España de Madrid en sí mismas, sino en entender las transformaciones y construcciones políticas asociadas a algo como que una red de humanos de un determinado distrito comience a desayunar cada día una tostada con aguacates o desarrollen un alergia a un tipo específico de polen. Si en 2006 las políticas espaciales se trataban a través de la figura de la ciudad, en estos momentos necesitamos considerar las dinámicas transterritoriales. Esto supone un gran cambio, que ha dejado obsoletas las prácticas urbanísticas que resultaban eficaces hace apenas 15 años.

Durante el confinamiento, ¿se ha vivido una performance arquitectónica, que usted inventó, al vivir todos a la vez dentro de edificios?

Más que una performance, yo creo que ha sido una movilización, plagada de espacios de disidencia. 

Diseño de Jaque y su estudio para la Escuela Reggio en El Encinar de los Reyes (Madrid). ANDRÉS JAQUE / OFFICE FOR POLITICAL INNOVATION

¿En qué le recuerda a su proyecto IKEA Disobedients, la primera performance de arquitectura adquirida por el MoMA de Nueva York, en 2012?

En ese proyecto explorábamos las formas específicas de disidencia que se daban en los entornos domésticos. Y sí, anticipaba la manera en que la interacción social sería subrogada a los espacios domésticos en la era de las crisis medioambientales. Se trata, sin duda, de un proyecto muy premonitorio. 

Los arquitectos lo avisaron: “Las ciudades no pueden crecer de esta manera”. ¿Cree que les escucharon?

El mundo de la arquitectura es plural. Yo he dedicado muchos esfuerzos a promover una arquitectura innovadora, ecosensible y que genere beneficios sociales y medioambientales a largo plazo. Sé que soy un caso poco frecuente, y me alegro mucho de haber tenido la suerte de poder influir en la manera de pensar de muchas personas e instituciones y de intervenir en una serie de lugares importantes. Creo que allí donde lo he hecho, esta manera de enfocar el trabajo ha funcionado bien. Son ciudades o lugares que han mejorado de manera muy diferente. 

Fase 4 del proyecto Reset para la transformación del Centro de Arte 2 de Mayo de Móstoles (Madrid). ANDRÉS JAQUE / OFFICE FOR POLITICAL INNOVATION

La crisis de 2008 acabó con los edificios–estrella de las grandes firmas de la arquitectura. ¿Con qué acabará esta nueva crisis económica? 

Creo que este es el momento para trabajar en serio la calidad de vida y medioambiental. No es un tema de nombres, ni de obras icónicas, sino de ideas y de perseverancia. Lo prioritario es entender que la arquitectura tiene la capacidad de dar respuestas inventivas a los desafíos medioambientales y ecosistémicos a los que nos enfrentamos en este momento. 

¿Ya no se puede hacer arquitectura en el siglo XXI sin pensar en criterios medioambientales? ¿Esto incluye también a futuras epidemias?

Es un tema que llevará tiempo trazar con precisión. Pero hay muchos indicios científicos de que hay una relación directa entre los procesos de expansión y crecimiento de las ciudades y la pérdida de hábitats naturales y el desplazamiento de patógenos en las cadenas de asociaciones ecosistémicas que han propiciado el brote global de la COVID-19. Este es un tema que llevamos varios años estudiando en el Programa de Arquitectura Avanzada que dirijo en la Universidad de Columbia. El deshielo de los glaciares, la modificación del nivel del mar y las migraciones de humanos y no-humanos forzadas por las crisis medioambientales van a acelerar la irrupción de un gran número de enfermedades que van a aumentar exponencialmente la vulnerabilidad humana. Cada vez habrá más epidemias y cada vez más seguidas.  

¿Volveremos los ciudadanos a compartir plazas y espacios comerciales? ¿Cómo serán estos lugares comunes?

La cuestión es que las plazas y el espacio compartido en general deben convertirse en lugares que al mismo tiempo cuiden y protejan a los ciudadanos y cuiden y protejan el planeta. Este es el espacio público del siglo XXI. 

Proyecto para el restaurante madrileño Run Run Run, ganador del Premio FAD Interiorismo 2020. ANDRÉS JAQUE / OFFICE FOR POLITICAL INNOVATION

De hecho, su oficina tiene previsto inaugurar este año varios proyectos que hablan de creación de ecosistemas mediante la arquitectura. 

En un momento como este, nuestra oficina no para. Estamos ya en fase de construcción del Colegio Reggio en El Encinar de los Reyes (Madrid), un ecosistema que acumula biodiversidad como estrategia para crear un espacio de autoaprendizaje. También esperamos terminar una nueva fase del Ocean Space de la Fundación Colección Thyssen–Bornemisza en Giudecca (Venecia), que será un espacio de encuentros de arte y ciencia para facilitar una alianza entre los humanos y el gran ecosistema del océano. La próxima primavera abrirá al público una fase más del proyecto de transformación del Museo Centro de Arte Dos de Mayo en Móstoles (Madrid). Asimismo, estamos trabajando en el proyecto del Parlamento de los Líderes Indígenas del Mundo de la Flourishing Diversity Foundation y terminando la construcción de la Climate Dissident House en Molina de Segura (Murcia), que contiene un plan para recuperar un fragmento del bosque de laurisilva, un tipo de paisaje que cumplía un papel climático fundamental en el sur de Europa previo a la industrialización. 

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